Mostrando entradas con la etiqueta violencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta violencia. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de abril de 2016

Notas de mi diario


Acabo de ver en la pantalla de mi computador algunos de los testimonios –actuados por profesionales– que hacen parte de la campaña #NoMásViolencia, liderada por el Centro de Memoria Histórica en Colombia.  Es un día frío, gris, apenas para acompañar las voces de hombres y mujeres recogidas en muchísimas zonas de la geografía nacional, contando las mil y una formas de una barbarie que parece que no tiene fin, pero sí rostros, dolores, soledades, sufrimientos incontables, heridas imborrables en el cuerpo y en la psique. 
Necesitaremos años de paz y generaciones dispuestas a curar el corazón. 

Me dispongo a escribir mi blog y , entonces, encuentro una nota de mi diario de hace casi cuatro años. La trascribo como otro testimonio más de esa Colombia que muchos, quiero creer que una inmensa mayoría, soñamos distinta, aunque la realidad parezca dibujárnosla de otra manera:

“Septiembre, martes 4, 2012

María Kodama, la viuda de Borges, dice hoy en la primera pagina de El Tiempo que lee poco porque no hay nada nuevo en la literatura. Agotamiento lo llama. Cita a Rubén Darío y a Borges, no habla de García Márquez, que inventó una nueva manera de narrar.   María Kodama lo dice de la literatura, porque la realidad no se agota.  En la misma pagina donde reseñan su opinión publican: 

El ajusticiamiento del jefe guerrillero Grannobles por las FARC, en enero pasado, luego de un juicio revolucionario, según la Corporación Arco Iris. Estaba acusado de borracho, fiestero, putero y perdedor en un combate contra el ELN.   

La saña con la que desconocidos quemaron a María Berenice Martínez, en Santa Bárbara, Antioquia, acusándola de brujería, como si estuviéramos en el medioevo.  Las pruebas eran los testimonios de adolescentes locas que decían que se les aparecía en sueños, que las miraba y las enfermaba y también las bolsas negras donde María Berenice llevaba al mercado  las artesanías que elaboraba y las cabuyas que usaba como su materia prima de producción. El instigador, un brujo que les aseguro que la manera de acabar con el mal era quemándola.  Y la quemaron, luego de desnudarla en el  patio de su casa campesina, frente a sus seis perros que debieron aullar, ladrar, enloquecerse de dolor, así su vecina mas cercana diga que no vio ni oyó ni olió nada.

Y el asesinato de la reina de la coca, cuando salía de una carnicería en el barrio Belén, en Medellín.  De Griselda Blanco dicen que era insaciable en sus apetitos, sobre todo de sangre y de dinero.  Que mató a uno de sus maridos porque se le torció y quiso apropiarse del negocio, que llamó a uno de sus hijos Michael Corneone, en honor de El Padrino,  que era una institución del delito cuando Pablo Escobar estaba robando carros, y no incursionaba aún en el mundo de la droga, y que conoció el lujo como pocas.  Ahora tenia la apariencia de una abuela de 69 años, después de haber purgado veinte años de cárcel en los EU.  Los últimos ocho que paso con un bajo perfil en Colombia, no la salvaron de las dos balas que la alcanzaron en la cabeza.  Las crónicas dicen que había ordenado la muerte de al menos 250 personas.

Quizá la Kodama tiene razón: se agota la manera de contar porque lo que es la vida la supera con creces”.

PD.  No más violencia es también no más ignorancia, no más delito, no más dinero fácil, no más corrupción, no más impunidad, no más silencio ni más aguante.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Conversación entre mujeres



Las escuché un sábado frente al Pabellón de Cristal en inmediaciones de la Casa de Campo en Madrid. Se sentaron a comer un bocadillo antes de entrar a la feria de creatividad y costura que se realizaba en el recinto:

–Entramos y Ana inmediatamente estaba cansada y él dijo “esto es muy friqui”– le contaba la una a la otra.  

Empecé a componerme el cuadro, mientras la voz continuaba. Hablaba de una salida con su marido y sus hijas:

–Busqué un puesto que conocía y compré galletas.  Salieron a comérselas, pero luego… ¡no los encontraba!  Ni disfrutan ellos, ni disfruta uno– remató.

La otra mujer masticaba en silencio, así que siguió su relato:

–Hoy, cuando le dije que venía, me contestó: “¡ah! ¡bueno!, porque así descanso yo”.

–¡No! Te quedas con ellas. Voy sola. ¿Acaso las llevas cuando vas a tus conciertos?

Enmudece un segundo:

–Si cuando las dejo donde mi mamá ¡ni siquiera va por ellas! ¡Tienen que traérselas!

La última afirmación le da impulso a la otra voz:

–¡Y a mí que me dice que qué tanto es lo que hago!  Que salgo todo el fin de semana… ¡Y claro!, vamos a llevar a Juan a las clases de piscina y a las cosas que hay que hacer.

Hace una pausa, tal vez reflexionando, y remata:

–¡Pero si todos los días llego de trabajar a las doce de la noche! ¿Qué hago? …

Me las ingenio para observarlas de reojo.  Deben estar cerca de los cuarenta años.  Muy disímiles. La que por la voz es la madre de dos hijas, es esbelta, lleva botas, pantalón ajustado y buzo de cuello alto. Su acompañante tiende a la gordura y luce ropa ancha.

La madre de las dos niñas continúa:

–En la mañana me levanto temprano, las dejo vestidas y desayunadas antes de irme, y él va y me dice  que llevarlas al colegio lo estresa; pero por qué si a María la lleva a las ocho y Ana sólo entra a las nueve y media… ¡Tiene tiempo de sobra!

Cavila:

–Me dice que se juega la vida todos los días en la rotonda de la esquina, donde siempre se forma un atasco.

Su acompañante produce interjecciones de disentimiento, ella continúa:

–Que llegue más tarde al trabajo y las lleve yo, me dice, ¡pero si tengo que entrar a las ocho!.. Y volver al tiempo en que él trabajaba en la mañana y yo en la tarde, ¡no!, ¡de ninguna manera!, porque va a ser lo de siempre.  Cada vez que le pedía algo me decía: “Que vengo de trabajar, ¡eh¡”.

PD.  En la semana en que se inicia la campaña “16 días de activismo contra la violencia de género” promovida por Naciones Unidas.  Contra todas las violencias ejercidas sobre la mujer… las de las leyes, las de las prácticas, las de las desigualdades en virtud del género.